Revivimos el espíritu de Saitama, el placer de Katovice o el sueño de Pekín. En medio partido, nuestra selección nos deleitó con todo eso. Hacía más de 20 años que España no anotaba 62 puntos en mitad encuentro (China mediante y lo que los chinos eran en aquel momento). Calderón, Navarro y Gasol, junto a una gran defensa, finiquitaron a los lituanos. Lo del extremeño, y el último cuarto de Ibaka, son las dos notas más positivas del partido.
Y es que los lituanos andaban sobrexcitados. Que se lo digan al delegado de Kemzura, que se llevó un empujón y semigancho del técnico de Lituania, demostrando, como muchas veces, la impotencia unida a la motivación sobrante de un partido como el de ayer, desquició a los locales. El público, ávido a digerir el trago, se tomó el refrigerio con más tiempo del previsto cuando Rudy demostró que España seguía enchufada y evitaba el típico bajón, tras la orgía. Comparar a Valanciunas con Sabonis es una grave falta de respeto al mejor.
Además, la victoria puso en práctica la teoría del nueve (dos bases, tres aleros y cuatro pívots), suficiente llegados los grandes momentos. Hoy toca eliminar directamente a la subcampeona mundial, Turquía. La cual, sin el amparo de los suyos y algunas bajas, se puede ir para casa prematuramente.
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